jueves, 15 de octubre de 2009

México, sin mexicanos por favor

En una clase de la facultad recuerdo que una maestra, citando a Rius, nos dijo: -“Lo que falla en México es que está lleno de mexicanos”. Triste. Pero cierto. Si nos remontamos al glorioso siglo XIX en México podemos ver cómo la historia de nuestro país es tan dolorosa que mejor se ha creado una historia oficial y amable para que todos sigamos orgullosos de lo que hemos sido y de lo que somos como país, mas aún en esa versión podemos leernos en el fracaso.

Al terminar la Revolución de Independencia, México se halló destruido en varios planos, digamos que no había ni para donde hacerse. El imperio de Iturbide fue una mala broma, como muchas otras que le siguieron, un güero creído y sangrón quiso jugar a ser emperador a la europea. Después: Santa Anna, que era reelegido una y otra vez, que se ha convertido en el malo de la historia (como dicen por ahí: es que los héroe mexicanos tienen que haber sido grandes fracasados para ser considerados héroes); la Invasión norteamericana, que de ser por Puebla qué mejor; la Guerra de Reforma, con el benemérito de la nación que usaba símbolos religiosos (otros masónicos) en la propaganda laica de la República; la Invasión francesa; el Imperio de Maximiliano, cuyo gran error fue ser liberal traido por conservadores: unos lo odiaron por ser del bando contrario y otros por haber sido traido por el bando contrario.

Grandes hombres muchos de los que vivieron en esa época, ni buenos ni malos: la cosas en este país nunca han sido tan tajantes; lo que tienen en común es que todos sus proyectos fracasaron o se conviertieron al realizarse: el siglo XIX es el inicio de las grandes utopías que ha vivido la gente de este país, y en el mismo siglo y mejor todavía, en el XX todas esas utopías fueron cayendo una tras otra.


La historia de México se puede resumir en intento y fracaso, una y otra vez hemos intentado formar un país, hacer que “las cosas funcionen”, que éste se vuelva un país moderno, sin embargo, sólo la modernización (la estructura, los grandes edificios, los cines, el Starbucks) ha sido medio alcanzada. En la actualidad otra vez se empieza a hacer muy evidente que seguimos en el suelo, que los mexicanos no hemos hallado aún la puerta de salida a los problemas: todavía no podemos definirnos, todavía duele mucho reconocernos en lo que somos.

*Corrección:Fue contra los franceses y no contra los americanos que Puebla intento retenerlos.