En una clase de la facultad recuerdo que una maestra, citando a Rius, nos dijo: -“Lo que falla en México es que está lleno de mexicanos”. Triste. Pero cierto. Si nos remontamos al glorioso siglo XIX en México podemos ver cómo la historia de nuestro país es tan dolorosa que mejor se ha creado una historia oficial y amable para que todos sigamos orgullosos de lo que hemos sido y de lo que somos como país, mas aún en esa versión podemos leernos en el fracaso.
Al terminar la Revolución de Independencia, México se halló destruido en varios planos, digamos que no había ni para donde hacerse. El imperio de Iturbide fue una mala broma, como muchas otras que le siguieron, un güero creído y sangrón quiso jugar a ser emperador a la europea. Después: Santa Anna, que era reelegido una y otra vez, que se ha convertido en el malo de la historia (como dicen por ahí: es que los héroe mexicanos tienen que haber sido grandes fracasados para ser considerados héroes); la Invasión norteamericana, que de ser por Puebla qué mejor; la Guerra de Reforma, con el benemérito de la nación que usaba símbolos religiosos (otros masónicos) en la propaganda laica de la República; la Invasión francesa; el Imperio de Maximiliano, cuyo gran error fue ser liberal traido por conservadores: unos lo odiaron por ser del bando contrario y otros por haber sido traido por el bando contrario.
Grandes hombres muchos de los que vivieron en esa época, ni buenos ni malos: la cosas en este país nunca han sido tan tajantes; lo que tienen en común es que todos sus proyectos fracasaron o se conviertieron al realizarse: el siglo XIX es el inicio de las grandes utopías que ha vivido la gente de este país, y en el mismo siglo y mejor todavía, en el XX todas esas utopías fueron cayendo una tras otra.
La historia de México se puede resumir en intento y fracaso, una y otra vez hemos intentado formar un país, hacer que “las cosas funcionen”, que éste se vuelva un país moderno, sin embargo, sólo la modernización (la estructura, los grandes edificios, los cines, el Starbucks) ha sido medio alcanzada. En la actualidad otra vez se empieza a hacer muy evidente que seguimos en el suelo, que los mexicanos no hemos hallado aún la puerta de salida a los problemas: todavía no podemos definirnos, todavía duele mucho reconocernos en lo que somos.
*Corrección:Fue contra los franceses y no contra los americanos que Puebla intento retenerlos.
2 comentarios:
el siglo XIX mexicano es una vergüenza, no me sorprende que haya terminado en una guerra civil (pues fue éso la Revolución y no otra cosa) y sí me sorprende que luego de éso tuviéramos un siglo XX tan decente dentro de todo.
cada día estoy más convencido que la UNAM es (aunque no el único pero sí el más importante)contrapeso a la pésima calidad de la educación en México, lo malo es que nuestra universidad no puede concentrarse en formar (y ser el espacio de) humanistas y científicos por intentar solucionar las carencias educativas con que entran los alumnos desde la prepa o el CCH.
Conozco a un sujeto que es producto de una violación. Eso es México. Éste tipo se pasa la vida con la secreta certeza (porque no lo dice, pero lo siente) de saberse en un mundo que no lo esperaba, un mundo en que un intruso como él no tiene cabida. Él es la viva imagen de la idiosincrasia mexicana, siempre con la soberbia nobleza de sentirse parte de los “buenos”; “déjate de mamadas, somos aztecas wey” me decía alguien por ahí. Lo que duele es aceptar que como hijos de violadas (india sumisa + español ojete) no tenemos lugar en el mundo, y que, no obstante, somos víctimas y victimarios a la vez. Que somos hijos de la inocencia y de la maldad; ambas conviven en nosotros, es la bipolaridad que se refleja en cada uno de los tipos que habitan éste país. De ahí, creo yo, viene la gran teatralidad de los mexicanos y su amor al drama, pero también su pulsión chingadora “el que no tranza no avanza”, “somos jodidos, porque nacimos indios”.
El problema es no aceptarlo, seguro que has conocido a más de uno que se autoproclama descendiente de aztecas aún cuando su apellido es López o una madre así. Y es justamente éste problema de identidad lo que ocasiona las revueltas amaneradas, acartonadas y por demás estúpidas, que mencionas.
Y ahora creo que más bien a quien le duele el pasado mexicano es a los “estudiosos” a los “intelectuales” a aquellos que andan tras las grandes miras de la belleza internacional, esa que no encaja con la realidad de nuestro país; no a la gente normal, no a los barrenderos o taxistas, a las amas de casa o electricistas, a ellos les importa un pepino, no se preocupan del imperio de Iturbide, es más, ni siquiera saben quién es ese señor. Lo único que les importa es gritar gol, comer tacos y rezarle a la virgencita… y en realidad, ellos son México con todas sus letras, nosotros… nomás una alegre curiosidad.
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