miércoles, 1 de julio de 2009

Fotografía

Andaba caminando perdido
en el pueblo que dejó de funcionar hace años.
No parecía ajeno al lugar,
a pesar de sus tenis
y de la sudadera semi destruida por el detergente.
Se plantaba en cualquier espacio de la banqueta
como si supiera que estaría allí desde siempre
(tal vez leyó en algún libro
que los encuentros afortunados
se dan entre las calles de lugares desconocidos).

Andaba viéndolo a distancia,
calculando los pasos que me llevarían
hasta donde estaba parado,
él parecía reconocer cada casa
con la familiaridad de un niño
que vuelve cansado de jugar en la calle.

Cruzamos miradas,
como quien voltea hacia la calle
para evitar los coches
(cuya única sombra es la polvareda que dejan).

Cruzamos miradas porque
en algún tiempo
ya lo habíamos hecho
y nos reconoceríamos
incluso en el desierto.

Caminamos hasta estar de frente.
Su sonrisa desconocida no era tal y como la recordaba.