En el espectáculo taurino hay dos sacrificios, la diferencia es que uno es a voluntad y arrastra hasta el final al segundo. El torero entra en la plaza armado para igualar -no diré aventajar- las armas del toro. Ambos se enfrentan en el círculo de arena frente a las miradas de extraños que van para identificarse un poco con el sentimiento y descargar furias. Creo que se parece un poco al amor, sólo que toro y torero conviven en la misma persona, tal vez el intercambio de rol posible sea con el público.
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