"...que estando pescando en el río de Cachutepech, que es cerca de acapulco, de dos hijos que tenia consigo, el uno se subio sobre un pedrisco que estaba dentro del río, donde salio un cayman y empezo a dar bueltas al pedrisco, como que pretendia coger al muchacho, el qual amedrentado dio vozes al padre, el qual viendo lo que pasaba pidio al otro hijo el arcabuz, y tiro al cayman y lo mato. Y en tiempo que en su casa se oyo la respuesta del arcabuz, una india vieja que estaba allí texiendo entre otras, cayo diciendo: 'Simón Gómez me ha muerto'. Lo cual oyeron muy bien todas las demas que alli estaban hilando y texiendo, y la mujer del dicho Simón Gómez.
Divulgose el suceso en el pueblo, con que los deudos de la india muerta, como ignorantes y ciegos, se querellaron del dicho Simón Gómez ante el Alcalde Mayor de Acapulco, y fue preso por la dicha querella.
Averiguóse la verdad, y con esto que ausente Simón Gómez, la india dixo que él la mataba, y el conffesó aver muerto al cayman. Viendo el Alcalde mayor la mala prueva de la querella, soltó al dicho Simón Gómez, que quando lo refería acababa de salir de la prission..."
Hernando Ruíz de Alarcón apud Solange Alberro. Del gachupín al criollo. 3ra reimpresión. Cd. de México: COLMEX. 2006. pp. 104-105
1 comentarios:
Juan Ruiz de Alarcón hizo carrera en España como literato y fue el primero de varios hermanos. El segundo de los hermanos fue Hernando "El bachiller". Como "segundón" e iniciado en no sé cuál orden de la iglesia, fue contratado para identificar y llevar a juicio a todos los "brujos" indígenas. Llegaba y preguntaba: "¿Qué conjuro usa para tal o cual ciurcunstancia?". Usualmente le respondían que ninguno, que ellos no eran ni brujos ni sabían nada, pero él decía: "Mire, yo conozco uno que versa así..., para cuando...". La gente adquiría confianza y entonces le decía las oraciones y conjuros que sabía. Una vez que Hernando registraba bien las oraciones o conjuros, daba noticia a las autoridades de quién se los había transmitido para que aquél fuera a juicio. Sucio trabajo, sin duda, pero gracias a Hernando tenemos hoy un valioso repertorio de oraciones y conjuros en lengua original (nahuatl, algunas veces con latinismos como "spiritu"), que dan cuenta de varios aspectos del mundo mesoamericano prehispánico, algunos de los cuales aún se practican. Por la misma naturaleza de su oficio, podemos suponer que Hernando eligió y recopiló estas palabras con la intención de comprenderlas en su dimensión mágica-ritual, la cual nos invita hoy a comprender distintos modos de racionalidad y convivencia del hombre con el mundo.
¡Timitzmotlazohcamachiliah in Hernandotzin! (¡Te agradecemos, Hernando!). Ja.
("Fuente": clase de Historia de Mesoamérica de Alfredo López Austin, 9 de mayo de 2009. Cfr. El espejo mágico. México, FCE...)
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